03 enero 2012

M D F. '12.01

Está muerta. No estés chingado.

Es rara la vez que contesto, en el espacio de los comentarios, los pocos que por aquí dejan algunos lectores. Los correos, esos sí, suelo hacerlo, aunque también van siendo pocos, y aún ahí soy selectivo. El por qué llegué a mencionarlo en algún foro con otras palabras, pero la idea es ésta: dado que por aquí tengo el privilegio de hablar primero, respecto a las fallas y yerros, así como las omisiones y desperfectos, lo menos que puedo hacer es intentar sean los menos posibles. Cometo gazapos, por supuesto, pero de menos, que quede patente en el texto de qué pie cojeo.

No siempre fue así, claro. Al principio, contestaba todos -nunca fueron muchos, de todas formas-, principalmente en las series que creía más lo ameritaban. Después, contestaba sólo aquellos que consideraba necesario hacerlo, de inmediato. Por ejemplo, los reclamos de atención de DoñAnónima, en los lances; o la delicia del yéndose-lléndose, que por cierto fue la última visita del colega, no sé por qué a ciencia cierta, mas lo intuyo. Sin embargo, conforme más y más avancé en esto de los mentideros -y ahí está la cronología: parte del avance fue dejar de publicar casi por completo, cualquier tipo de contenido, en el Mentidero-, y también conforme más y más tuve la práctica del oficio, fui dándome cuenta responder a todos, es errar dos veces: por baboso y por soberbio. Las retroalimentaciones, aportes, indicaciones e impresiones expuestas por los pocos lectores que acuden y se toman el tiempo de redactarlas, merecen mi silencio respetuoso, de escucha -ya hablé yo; hablan ellos, toca atenderlos-. No obstante, a veces la magnitud del comentario es tal, que merece un mentidero aparte. Como ahorita.

Vamos a ver, "hermano", démoste gusto. Por principio, Diana decidió, cuando aún podía decidir, quitarse la vida, acción a la cual llamamos suicidio. Sus razones tenía para ello, y a un año de su muerte voluntaria -agramatical, incluso, pues se murió a sí misma- la situación respecto a ella es idéntica: ya no está, se terminó -en todos los sentidos y personas verbales- su existencia, y nunca va a cambiar. Es lo normal, además, cuando una persona opta por dejar de ser persona, y comenzar a ser nada. A muchos los seres humanos no se les ocurre, ni les ocurre, optarlo: simplemente les sucede, y en nuestros tiempos tendemos a creer les sucede en contra de la voluntad de cada quién. Pero no fue su caso. Desde mi punto de vista, su acción es completamente respetable, e incluso plausible: morir es un derecho humano, el único en verdad restringido por nuestra formación cultural.

Ora bien, precisamente porque tenemos formación cultural, y conciencia, podemos ver un poco más de nuestras narices, o se supone podemos. Parte de esa posibilidad está en comprender, a partir de estas situaciones, nuestra propia contingencia: todos moriremos, antes o después. No hay otra. También podemos darnos cuenta los ritos, costumbres y creencias con los cuáles encaramos ese hecho, son tan individuales, en teoría y a según cada quién las ponga en práctica, como lo son las actitudes que tomamos al respecto -al menos en la parte del mundo que vivimos: hay lugares donde no tienen opción en ninguno de los dos ámbitos-. Y no hay modo que me haga cargo, yo, de tu fastidio: tuve un buen año, con amor, trabajo, gustos, lecturas, café, cigarros y vivencias suficientes. También tuve mis malos ratos, como todos. Pero durante todo este tiempo, mi postura fue la misma, para con los deudos de la muerta: no quiero, ni tengo por qué, asociarme a su duelo permanente. No compartimos creencias, ni compartí, con ella cuando estuvo viva, su mundo privado.



Por último. Este es mi blog. Suelo postear en él lo que considero pertinente, con las dos únicas reservas que considero válidas: mi habilidad y las leyes. No ando tratando de complacer lectores potenciales, ni patrocinadores, ni ideologías ajenas. Sí, a veces escribo, o dejo de escribir, para halagar o solidarizarme con alguien en e y especial, pero por lo general voy por la libre, sin otra traba que mis propias limitaciones. Traté de explicártelo hace casi un año, cuando marcaste para hablar de aquel texto: no era para ti, ni para su familia, ni para sus amigos, ni mucho menos para ella, a quien nada puede dedicársele ya, sino como símbolo y con el mismo sentido que se le dedican misas, homenajes, pompas, recepciones: in memoriam. El texto, escrito por y desde mis propias normas y necesidades, lo redacté para comprenderme mis pensamientos; lo hice público por mis propias convicciones; cada lector que tuvo, lo leyó a su modo, y si a alguien, incluso a ti, le sirvió para algo más que para entretenerse, me da gusto. Pero no es cosa mía, sino de cada quién, lo mismo que si les gusta lo que publico, que si no. En ese momento, escribir en recuerdo de mi amiga muerta, tenía más que sentido, pues era sentido, lo escrito. En este momento, no, ni mucho menos hace dos noches. En este momento tengo otros asuntos, mucho más apremiantes, como seguir vivo, o morirme. Mas la difunta ya nada tiene que ver con lo que haga, o me pase, ni tú tampoco. Si así todo no te ha quedado claro, te lo voy a poner de esta manera: ya que no quise echarme a perder mi festejo de año nuevo ni por mis propios problemas personales, menos me lo iba a echar a perder por la conveniencia social con la cual tratas de tocarme los huevos. Así que no estés chingando.

Por lo demás, te concedo toda la razón: soy un maldito cabrón desgraciado. Así escrito, por favor.

Manuel Emilio Castillo Silva,
La catacumba del mapache, a 04 de enero de 2012.


*********

Mentidero de Falacias. Virgilio Sofistófeles.

Etiquetas:

1

At enero 03, 2012, Anonymous Anónimo

Y yo me la pase de poca madre con mi hermano en año nuevo y me alegra seguir viva y con él -Teresa

 

Publicar un comentario

Latitud y longuitudh4>

Crear un vínculo

<< Home