05 noviembre 2016

Mentidero de Falacias. '16.02

MINIATURA.
“ Of course, the country that Beethoven described... was the countryside with which he was familiar. But his music covers a much wider field than that, and so Walt Disney has given the "Pastoral Symphony" a mythological setting. And that settings is of Mount Olympus, the abode of the gods.”
Fantasy (DISNEY, 1940)
Siempre me ha gustado esa descripción de la sexta, y la subsecuente interpretación. Hoy me doy cuenta me tomó toda la vida llenarme con esa música para encontrar, en los recuerdos de mis perras amadas en el patio, el campo del cuál, ahora, me habla.

Manuel Emilio Castillo Silva.
La catacumba del Mapache, a 5 de noviembre de 2016.

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  Mentidero de Falacias. Virgilio Sofistófeles.

09 julio 2016

M D F. ´16.01

Meme 'n tomori. 2


PIenso y pienso en retomar esto de los mentideros, en múltiples modos. LUego me acuerdo que mis perras no leen y se me pasa.



Manuel Emilio Castillo Silva, 


La catacumba del mapache, a 9 de julio de 2016.


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  Mentidero de Falacias. Virgilio Sofistófeles.

31 agosto 2015

M D F. '15.08

11:12 pm. Apenas.

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  Mentidero de Falacias. Virgilio Sofistófeles.

31 julio 2015

M D F. '15.07

De nuevo, sólo por llenar la entrada mensual.

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  Mentidero de Falacias. Virgilio Sofistófeles.

30 junio 2015

M D F. '15.06

Nomás por tener algo publicado en este junio.


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  Mentidero de Falacias. Virgilio Sofistófeles.

30 mayo 2015

M D F. '15.05


Pues sigo muy triste y la extraño muchísimo. Sólo que ahora también estoy muy feliz con
quien llegó.

Caray. Es complicado.

Manuel Emilio Castillo Silva.
La Catacumba del Mapache, a 30 de mayo de 2015.

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  Mentidero de Falacias. Virgilio Sofistófeles.

23 abril 2015

M D F. '15.04

Dos meses, seis horas, treinta y cuatro minutos: la quiero igual, la extraño igual.

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  Mentidero de Falacias. Virgilio Sofistófeles.

31 marzo 2015

M D F. '15.03


La extraño demasiado.

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  Mentidero de Falacias. Virgilio Sofistófeles.

23 febrero 2015

M D F.'15.02

.




Manuel Emilio Castillo Silva,
La catacumba del mapache, a 23 de febrro de 2015
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  Mentidero de Falacias. Virgilio Sofistófeles.

31 enero 2015

M D F. '15.01

Una importación propia.

Éste me gustó mucho.

Indiscreto. 

Me pones como loca.

Manuel Emilio Castillo Silva,
a 30 de enero de 2015.



La Catacumba del Mapache, a 31 de enero de 2015.


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  Mentidero de Falacias. Virgilio Sofistófeles.

31 diciembre 2014

M D F. '14.19

Resumiendo nuestro entorno. 1

¿Que por qué no escribí de política y mierdas semejantes durante el año? Pues porque es muy fácil. Demostración:

        En noviembre de 2008 se cayó un avión en la Ciudad de México con el entonces secretario de gobernación a bordo, Mouriño, muy cerca de la conocida como Fuente de petróleos, en la intersección de Periférico con Reforma.  El hecho fue registrado como accidente, con los presuntos responsables identificados.

        En enero de 2013, hubo una explosión en la Torre ejecutiva de Pemex (les gusta escribir “Ejecutiva”, pero es tan estúpido seguir con esa práctica que quien la quiera, que se la coma). Esto también fue registrado como un accidente, con los presuntos responsables identificados.

        Y, ¿qué con eso? Pues que la “reforma petrolera” de Calderón, bastante avanzada en 2008 y prevista para aprobarse en 2009 y entrar en vigor en 2010, ya no sucedió. En cambio la de Peña, salió enterita entre el año pasado y éste por terminar, y aquí andamos, viendo eventos que quizá no tuvieron nada que ver unos con otros, pero, qué cosas, desde su ocurrencia, vaticiné así sería: ¿se cayó ese avión?, ya no hay reforma; ¿explosión en la Torre Pemex?, la reforma es un hecho. Así lo dije. Así fue.

        Insisto: quizá no tienen nada que ver unas cosas con otras. Quizá.

        Ahora vamos a hablar del 2015 y el resto de la década, pero igual, rememorando un poquito de ciertos datos.




        En 1992 el gobierno de Salinas decretó los Nuevos Pesos: quitar tres ceros –es decir, dividir entre mil– en los intercambios monetarios y fingir teníamos una moneda nueva, más fuerte y robusta –así convertimos los millones en miles, y abrimos el camino para no hablar, en transacciones ‘habituales’, de miles de millones–. Recordemos una singularidad: entre las monedas con la nueva denominación había unas de N$20. Éstas no fueron aceptadas por la mayoría de los comercios y transportes públicos, a pesar de las campañas publicitarias a su favor –incluyendo la efigie del cura Hidalgo en ellas–, la población en general imitó el rechazo, y terminaron dejando de ser moneda corriente; en su lugar los billetes de 20 varos se volvieron comunes.

        En 2000, cuando los Nuevos Pesos habían vuelto a ser Pesos (pero sin retomar sus tres ceros perdidos), Banco de México puso en circulación una versión nueva de aquellas monedas de, ahora, $20. El tema de la moneda fue Octavio Paz, pero tampoco tuvo mucho éxito: los comercios las seguían rechazando, la gente por tanto no las aceptaba entre sí, por añadidura una moneda de 20 era mucho más ‘perdediza’ que un billete de lo mismo, y mucho menos cómoda (en verdad, en los pequeños comentarios escuchados al aire se descubre tanto de cómo andamos). Estas monedas corrieron con la misma fortuna de sus equivalentes anteriores, y se fueron a las colecciones y/o la fundición. Los billetes seguían ahí, dando sus vueltas.

        En 2014, tenemos una tercera oleada de monedas de $20, ahora con un soldado por escudo (sol, anverso, cara, cómo quieran), motivo y tema de “100 años del ejército mexicano”. Y éstas, no sólo están siendo aceptadas, más impuestas desde los comercios: voy a comprar unos cigarros y de cambio me dan tantos cientos de pesos como sea posible en monedas de 20. ¿Billetes de la misma cantidad? Cada vez menos.

        ¿Y esto, qué?

        No, pues nada: allende teorías monetarias sobre duración, durabilidad, conveniencia y etcéteras que justifiquen usar metálico en lugar de plastificado para una denominación dada, la realidad es que, esta sustitución ‘inofensiva’ de billetes por monedas de la misma denominación ya sucedió, durante los ochentas. Al principio no asustaba a nadie –las de 5, 10, 50 “viejos pesos” eran hermosas, con sus tema prehispánicos–, hasta que el billete equivalente se iba al carajo –en ese caso, el buen Benito y su seriedad perpetua dejaron de estar ahí hasta la aparición de los billetes de $20 (mil, pero sin los tres ceros)–. Claro, en ese entonces estábamos bien jodidos: el dólar subía 10 a 30% en un mes, no se podía confiar en las policías, el ejército era el avatar de la institucionalidad mexicana, institucionalidad ocupada por un partido político que todos sabíamos corrupto y ruin, pero igual apoyado por tantos y tantos, precisamente por corrupto y ruin. Todo en el marco de una reforma igual de productiva y beneficiosa: la nacionalización de la banca.

        Oh, y también había que tener cuidado con las marchas de manifestantes, porque, de menos, reventaban los vidrios de las ventanas a su paso.




        Como verán, es muy fácil, la polaca y sociedad en estos días: sólo hay que recordar nuestros peores momentos.

Manuel Emilio Castillo Silva
La Catacumba del Mapache, a 31 de diciembre de 2014








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  Mentidero de Falacias. Virgilio Sofistófeles.

01 diciembre 2014

M D F. '14.18

Cosmos. Cosmos. Y Cosmos.

Pues nada, que casi se me olvida escribir por acá este Noviembre. Desidia y poco interés, por supuesto, recíproco y tal vez impuesto, pero da igual ya: no traigo ganas de justificarme, y sí ganas de proponer se vean Cosmos, de Carl Sagan, lean el libro de autor y nombre homónimos, y también se chuten la serie, rimáik bastante más que bien logrado, de/con Neil Degrasee, llamada, por supuesto, Cosmos. Poco a poco o de sopetón, las tres seguidas e intercaladas o espaciadas por algún tiempo entre sucesos -disculparán el nerdísimo juego de palabras-. Como sea, pero con ganas. Si las tienen. Yo sí y a eso me dirijo ya mismo, que lo interrumpí sólo para venir a dejar la invitación patente. 



Platicamos de polaca y otras tarugadas locales con más ahínco en Diciembre. Quizá.

Saludines.

Manuel Emilio Castillo Silva,
La Catacumba del Mapache, a 30 de noviembre de 2014.

pd.- Esto ya aparece publicado en primero de diciembre, qué cosas: tan absorbido estoy en eso, que ni de la fecha me acordé, Ni modo.


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  Mentidero de Falacias. Virgilio Sofistófeles.

31 octubre 2014

M D F. '14.17

Un muy breve cuento de terror de moda y temporada.

- ¡Amor! No te encontraba por ningún lado. ¿Dónde estabas?
- Es que me disfracé de normalista y desaparecí.




Manuel Emilio Castillo Silva,
La catacumba del mapache, a 31 de octubre de 2014.




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  Mentidero de Falacias. Virgilio Sofistófeles.

30 septiembre 2014

M D F. '14.16

Furia independentista.1

Estoy tan de verdad indignado que ni puedo escribirlo por aquí. Mañana tal vez.

Manuel Emilio Castillo Silva,
La Catacumba del Mapache, a 30 de septiembre de 2014.

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30 agosto 2014

M D F. '14. 15

Rapidín.


Pues nomás por no dejar agosto sin publicación.





Tan tán.

Manuel Emilio Castillo Silva,
La Catacumba del Mapache, a 30 de agosto de 2014.


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14 julio 2014

MDF. '14.06.9

De la patada. 9

Alemania campeón, Argentina segundo, Holanda tercero y Brasil el menos malo. Al cabo, sólo quedará en la memoria –y si acaso, en la memoria, donde ni el recuerdo de las estadísticas vale ya para nada– lo primero: el equipo germano agregando una estrellita más a su playera, y punto. De eso vale todo este embrollo del Mundial, es lo único que queda, y por superfluo y vano –por “demasiado humano” – justifica y anula cualquier comentario en contra, en pro, de crítica sea constructiva, seria, pueril o absurda, precisamente por puro absurdo que resulta todo esto. Claro, quedará en cada quien lo que le venga en gana, la frustración y coraje de haber sido eliminados, de perder las quinielas y las apuestas, de aburrirse hasta el hartazgo o enfadarse porque otros se aburren o entretienen con el futbol. Y sus contrarios: la pequeña o gran riqueza adquirida, en todos los sentidos, por entretenerse con él o evadirlo del todo y aprovechar el tiempo haciendo cualquier otra cosa. Total, la Copa del Mundo, como la Navidad, sucede, nos guste o no, y cada cual es muy dueño de tomarla como le venga en gana.

A mí me resultó extraño. Ni tenía conmigo la emoción que tuve en ediciones pasadas –2006, la más intensa–, ni la indiferencia que también he mostrado –2010, la más intensa–. Quise mostrar interés y apego, pero me generó más bien repulsión y desencanto: mirar a tantos equipos jugar el futbol con sólo el afán de obtener un resultado, y a tantos jugadores en el mismo tenor, resultome tedioso. De los comentarios y análisis hechos por “profesionales”, ni hablemos: tal parece ser profesional de algo así consiste en aprenderse 40 o 50 lugares comunes y barajarlos poco a poco. La recurrencia de los partidos respecto a los realizados en el mismo torneo –y no respecto a otros partidos–, abismal. Y así acabó todo: una final donde el equipo que ganó y controló más tiempo el balón y que en apariencia fue superior, cometiendo más faltas que el otro equipo. Faltas sancionadas, claro está. Si contásemos las no sancionadas, el peso del garrote sería más evidente. Lo que en verdad me causa pena es que el fútbol así (me permito un acento no contextual a mi entorno), ya lo he vivido en demasía, y no se ve vaya a cambiar ni en ligas locales ni torneos internacionales, ya de clubes o de selecciones. Pena relativa, por supuesto: también pronostico el futbol y fútbol seguirá siendo mi deporte-espectáculo favorito, precisamente por lo mismo, ya que con sendas características es mucho más fácil que me ayude a conciliar el sueño. Y un dormilón como el abajo firmante no puede sino agradecer sea tan desabrido, pues casi garantiza siestas constantes de una a dos horas, según en qué tiempo se sintonice el partido –hasta de 15 minutos, si se me fue la hora y llego ya sólo al final–.

Y sin embargo, a pesar de toda esa carga de ‘nefastez’ y mala vibra, no me arrepiento, ni tantito, de haberle dedicado tantas horas a ver por televisión los partidos. Si no lo hubiese hecho, el domingo no habría salido a ver la final con un compa a algún lado. Y si en ese lado hubiese habido hueco para nos, no nos habríamos ido al otro sitio, donde sí había cancha y lo vimos. Estoicos como espartanos, nos embutimos 150 minutos de transmisión aburridísima –él, completos, y como añadidura también se sopló 150 minutos de mí: no cualquiera–, y 10 minutos de gilipollez discursiva tras el gol de Alemania –gol que nos calló por un rato: ya hasta apostábamos ambos habría penales, argumento que valió no pudiese recuperar sus 10 varos perdidos por la ausencia de gol –de cualquier gol válido y contable, de quien fuera– en el tiempo regular. Y si algo de todo eso hubiese sido diferente (otro el lugar, otro el interés), no habría visto lo que vi. Sucedió el gol, lo festejaron mi compa y otros cuántos –en un bar donde sólo tres le iban a Alemania, de pronto ya eran como ocho–, y así terminó todo, con el festejo de esos ocho y unos seis u ocho más –no cabe duda el éxito aporta seguidores por generación espontánea, algo que ni las moscas son capaces de realizar, la generación espontánea: miren qué lindos somos–. Y ahí, entre esas personas que celebraron y festejaron el triunfo de otros, vi a una quien, porque lo quería y deseaba y ansiaba con ganas, haciéndolo propio, alzó los brazos, exclamó entusiasmada su gusto, pagó su cuenta y siguió con la sonrisa y la felicidad al punto de lágrimas en el rostro, durante un buen rato. No sé su nombre ni por qué en sucedáneos tanta alegría de su parte, sé sus palabras que expresaron su propia comprensión de sí misma con claridad y presteza: “No es por ser malinchista, pero hay que irle al mejor”. En verdad, sólo por haberle visto así, a ella, valió la pena todo este embrollo: me sentí reconciliado con la especie, al sentirme contento de verle contenta.




Apenas tengo 36 años, pero espero, si llego, conservar conmigo algún campo de la experiencia que me haga así de feliz. Especialmente, espero conservar la empatía por la felicidad ajena, cuando es tan sincera como lo fue ahí.


Manuel Emilio Castillo Silva,

La Catacumba del Mapache, a 14 de julio de 2014.


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  Mentidero de Falacias. Virgilio Sofistófeles.

04 julio 2014

MDF. '14.06.8

De la patada. 8

Llegaron los cuartos de final, y lo único lamentable del penal inexistente contra México en octavos es que eso justifica toda estupidez posible, desde “nos robaron el Mundial, ya era nuestro, íbamos a ser campeones seguro” y mariconadas semejantes, hasta la continuidad de quienes son los verdaderos responsables de esa eliminación: directivos y jugadores. México no jugó contra Holanda como un equipo a punto para grandes cosas, sino soltando leña, echándose atrás cuando tuvo la ventaja en el marcador, y confiando en que los golazos sólo suceden de cuando en cuando. Sorpresa: sucedió de nuevo un golazo con el que los holandeses empataron primero, para luego ganar.

Por cierto, no vi a nadie en la televisión o el periódico recordando en 1998 el 2 a 2 contra Holanda que valió la clasificación a octavos en Francia fue igualmente ilegal, toda vez ocurre casi en el minuto 95, y sólo debieron compensarse 4. Sí vi en cambio cantidad de comentarios y declaraciones implicando todos los errores arbitrales fueron en contra, “por qué no a favor” –entre paréntesis la implicatura–. Comparemos en cambio con el otro eliminado de la zona, EE. UU., a manos de Bélgica –parece Flandes fue demasiado para estos lares–, donde se le critica hasta la saciedad no haber calificado siquiera a cuartos, a quienes se les mide el éxito no por número de participaciones en los mundiales sino por campeonatos ganados (0 de 10),  y a cuyo director técnico se le mantendrá, parece, hasta 2018 al menos no por buena onda o fantasías, mas por el trabajo que ha hecho en favor del futbol de ese país. Ojalá imitásemos eso, la verdad.

En fin. Hoy Brasil se bate con Colombia tras haber eliminado a Chile y Uruguay, respectivamente. Ambos me disgustan bastante, pero en el sentido del menor de dos males prefiero a Colombia: lástima los chilenos no estuvieron a la altura en los penales de desempate contra los anfitriones, esperemos los colombianos sí tengan la capacidad pre-asumida y presumida estos días. Una expectativa en la que tengo pocas esperanzas, de todos modos, ya que Francia –finalmente, mi favorito, desde antes y durante la victoria contra Nigeria– va perdiendo contra Alemania –que apenas pudo contra Argelia– en un partido donde los alemanes demuestran, una vez más, el futbol actual no se trata ni de gran espectáculo ni de gran juego de conjunto, sino de tedio, faltas tácticas y cuanta arrogancia se pueda acumular en cada uno de los once involucrados por equipo. Un asco, esta Alemania. Y una pena, Francia eliminada: según nos contaba Roberto Fierros allá se celebra con alegría y buena onda, a diferencia de aquí en México, donde el entusiasmo sirve sólo para pretexto de la patanería intrínseca. O de Polonia, de donde Alex Merino nos platicó en los bares se forman grupitos según de dónde se hayan migrado, gozando el evento aunque el país propio no ande en él.

Tras dejar fuera a Grecia, Costa Rica, mañana, contra Holanda. ¿No les da risa ver a tantos mexicanos deseando ganen los ticos, después de tanta burla y denigración a los mismos? Está padre, eso de no perder: si ganan los centroamericanos la satisfacción de ver eliminado a quien nos sirvió de ostias, si ganan los holandeses –y aún más, si ganan de forma apabullante–, la satisfacción de “dimos mucha más pelea”. Mediocridad mexicana a tope, por donde se vea. Argentina eliminó a Suiza e irá contra Bélgica. Prefiero a éstos, claro, pero parece poco probable lleguen a semifinales.  Y pues ya, Francia oficialmente eliminado, qué caray, cada que elijo a un equipo como favorito, le tocan las del pulpo. Siguiendo esa lógica debí escoger a los que deseaba perdiesen, pero eso seguro también se me revierte. Ni modo, la única esperanza que me queda son los que Julio César llamó “los más valientes de las Galias”.  A ver.


Manuel Emilio Castillo Silva.

La Catacumba del Mapache, a 4 de julio de 2014.


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  Mentidero de Falacias. Virgilio Sofistófeles.

26 junio 2014

MDF. '14.06.7

De la patada.7

Esta mañana hay un partido que me prende. La emoción y las ganas de verlo, en mientras sucede (tan en mientras como en realidad lo sea la transmisión “en vivo”, hace un rato se me acabó la ingenuidad de suponer esos dos a cinco segundos de diferencia se deben a la distancia física que toda emisión de onda recorre; curioso, fue en un otro partido el cuál sí veía mientras sucedía en el estadio, cuando un vecino de butaca hizo notoria su pantalla portátil –aquellos años sin celulares inteligentes multifuncionales tenían también lo suyo–, y, cosas qué cosas, mientras en el estadio se escuchaba “¡Chivas, Chivas!”, en la pantallita decían “la gente en la tribuna está apagada”, o “los fanáticos impulsan a su equipo coreando el himno del América”, himno en la grada silenciado por un magnificente “¡Buuuuh!”), tan sólo, las justifico o explico o expreso por darles un poco más de sentido a este absurdo. Digamos, pues, a ambos equipos involucrados les tengo ciertos pendientes, ya saben, de esas figuras mentales uno se arma como sea y luego las esgrime razones, para fingir razón o fundamento en lo que se dice, se piensa, se quiere o desea, se anhela, se vive en presente por mientras no ha sucedido en patente o acto: la potencia de los hechos, así, prefigurada, como una promesa, que nadie nos hizo sino nuestra propia conciencia de esperar tal suceda.

El partido es el Alemania – Estados Unidos. Y tengo unas pinches ganas de ver a los gringos ganarle a los germanos, que supongo cualquier connacional mío de esos a quienes lo americano les suena a exclusión, estafa y presunción pues “Ámerica” es un continente y no sólo un país –algunos de ellos, lingüistas, deben haberlas pasado crudas cuando cursaron semántica o bien la metonimia les es inaccesible y desconocida–, a malinchismo, al demonio encarnado crean o no en dioses y demonios, a herejía y blasfemia contra la Santa Patria Mexicana, máxime cuando de futbol se trata dando la impresión todavía viven anclados en los noventas, ochentas, o incluso antes –dirán incluso que toda la historia, probando también de historia futbolística saben muy poco pues EE. UU. empezó en esto de los Mundiales ocupando el tercer lugar general en Uruguay 1930, México en ese mismo torneo tuvo el honor de participar en el primer partido de todos, y hacer suya la primera victoria... francesa, que nos goleó 4 a 1–, ese tipo de paisano, pondrá el grito en el cielo, el “unfollow” en el “feisbúk” y la cara de espanto. O se lo pasará por los huevos, muy a su aire, con un dejo de desprecio y suficiencia, característicos de todo acto maniaco, y sí, muy en su derecho e izquierdo, me permito recordarle a ese connacional –a cuantos así les opere– yo sólo publico esta página tras escribirla, lo que con ella haga(n) es su rollo y, vamos, si piensa(n) que además el texto por mío soy yo... comprendo por qué trae(n) el gritito de batalla de moda tan en la garganta estos días, pues no sólo usan cualquier (pre)texto para disimular sus ganas, sino que también, lo ha(n) leído.


Me lo explico más o menos así: en esto del futbol, como en tantas otras cosas, suelo irle al débil, al que se supone tiene menos chance o de plano si lo logra es sorpresa. “USA” no es México, sí. Ni Costa Rica. Ellos han mejorado estos últimos 20 años una barbaridad de forma sostenida, por un lado, y por otro hasta en los ‘momios’ iniciales aparecía no tan abajo (en este momento, con 12 selecciones eliminadas, por supuesto han subido), estando ahorita –ahorita ahorita, mientras esto escribo lo chequé– sólo de 3 a 4.5 veces menos favorecidos por los pronósticos apostadores. Y es precisamente eso lo que me gusta: un equipo no tan favorito, que sin embargo le echa coco, piernas y huevos al asunto con tal de lograrlo. Por ejemplo aquel partido hace unos meses con Panamá, en las eliminatorias: no tenían ninguna necesidad de ganarlo, o empatarlo siquiera, y así todo lo hicieron, sólo porque les conviene. De paso le dieron a México la oportunidad de repechaje. O ese otro partido hace 12 años precisamente contra México: todo cristo en este barrio de lectores que no leen pero presumen que sí sólo por ser lo que son haciéndose ya en cuartos de final, y más bien cuartos nos hicieron las ilusiones y el fondillo, con un dos a cero rotundo –mentira que México no jugó bien ese partido: México NO PUDO jugar bien ese partido porque los gabachos se lo impidieron por completo–. Ya sólo por eso, por el pundonor con el que se rifan, me gusta ver sus juegos. Ahora además sucede está dentro de lo posible, como expectativa. Y, por supuesto, también cuenta el gusto de ver a mis vecinos, conocidos, colegas, comerse los mocos, propios y ajenos, verdes y rojos y blancos, cuando los vecinos del norte logran algo. Eso, en sí mismo, lo vale.

Claro que todo esto no tiene sentido. Y supone demasiado riesgo: escrito o no en los designios de dios, Dios, el universo, etcéteras, estoy realizando un acto demasiado estúpido: no sólo dejo constancia mi preferencia por el equipo que tal vez pierda, encima al explicar mis motivos he revelado ninguno tiene otro sustento que mis propias fantasías y recuerdos.  Lo cierto es Alemania parte como favorito, jugando muy bien salvo ese rato de suficiencia y exceso de sí mismos mostrado contra Ghana. De hecho, tras ver la segunda mitad del juego contra Portugal, también me los apunté como favoritos posibles, en este torneo. Apunte retachado con pluma tras mirar en repetición la primera mitad de ese mismo juego: la pedantería, el engreimiento, las celebraciones casi groseras y en todo caso ofensivas si interpretamos los gestos que hacían tras marcar gol, no sólo el delantero anotador, también sus compañeros... no, no: hacer leña del árbol caído está bien, metiéndole ya no dos, sino el tercero y el cuarto y se acabó el tiempo pero pudieron ser cinco o seis... hacer esos gestos denotativos de arrogancia, superioridad, maltrato al rival, es pasarse de la raya –con todo y que, en rigor, tienen también todo el derecho e izquierdo en hacerlo, tan dueños de sí–. Pero en mi opinión, que les den y duro, esta mañana; y si además califican el próximo lunes o martes en octavos. Total, si hace falta actitud para lograrlo, basta con inspirarse en Montgómery Burns.

https://www.youtube.com/watch?v=TahSjSjOE9o



Manuel Emilio Castillo Silva,

La Catacumba del Mapache, a 26 de junio de 2014.


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  Mentidero de Falacias. Virgilio Sofistófeles.

25 junio 2014

MDF.'14.06.6

De la patada. 6

Lo que es parejo no es chipotudo, por lo que toca reconocer el partido de la oncena mexicana el lunes pasado fue suficiente. Hicieron lo suyo, lo hicieron bien, y les resultó a modo. Lástima tantos, y tantos, interpreten el resultado como una demostración de lo que sea tengan en la cabeza, aprovechándolo para continuar divulgando su doctrina mediocre, de mediocridad (valga la redundancia). Pero no todos: vi una cápsula donde David Faitelson –ese señor, en verdad, excelente periodista– dijo lo que otros se saltan, no vayan a parecer antipatrióticos: “México viene al Mundial en busca de estas oportunidades. Oportunidades como Holanda en octavos. Como yo lo veo, mientras de un partidazo, no me importa si pierde”.

Visto así, me adhiero a su comentario: mientras el domingo sea un partidazo, aunque nos revienten tres a cero. Pero sólo así: si ganan, sigan gozándolo quienes quieran. Yo, en serio, no puedo ni quiero sumarme a esa farsa de la mexicanidad futbolera, clarísima en la porra característica en este torneo. Basta ver las fotos o las tomas de la grada para reconocer esos que gritan “Eeeeeh.. ¡Puto!” no son ni pueblo ni lo hacen mas que por farol, por expresar son “muy rebeldes” y “la FIFA se las pela”: personas en primer lugar con suficiente dinero para hacer el viaje, la mayoría de piel más bien clara que morena, las playeras de moda aunque estén horrendas, al parecer todos bien alimentados, coreando a veces el “Cielito lindo” no por afición a la música vernácula de estos lares sino por imitación y costumbre (casi siempre se saben sólo eso, el coro y una estrofa, lo mismo que del himno que tan patrióticamente vociferan, sin siquiera entender qué carajos dice la letra del mismo), igual que imitan ese otro grito proveniente del estadio de CU –donde, por cierto, personas más bien morenas que de piel clara, playeras viejas o muy atrasadas, no siempre bien alimentados, también les gusta farsear son “pueblo”, olvidándose ellos tienen, al menos, la oportunidad de y recursos para estudiar, contrario a tantos otros que por falta de ese mínimo de ingresos, van al ejército, las policías, el narco–.  Fresas, pues, jugándole a ser mexicanotes.  La neta, no me adhiero a su ahínco imbécil. Ya no.



En otros asuntos. A Italia no le fue suficiente. Le faltaron unos 15 minutos más de aguante, y qué bueno, pues volvió a ser la Italia defensiva, tediosa y aburrida de tantos torneos. A lo mejor fue por falta de práctica o quizá por falta de talento –no lo sé–, el caso es se regresa a casita, tras perder con Uruguay uno a cero. Lo mismo Costa de Marfil: está uno escuchando los comentarios durante la ronda de partidos de la mañana, y más de un comentarista diciendo éstos junto con Colombia, ya estaban clasificados y sólo faltaba ver cuál en primero de grupo, cuál en segundo. Pues resulta el segundo fue Grecia, que sí le ganó a los africanos, mientras Japón no pudo ni empatar ni salvarse de una goliza. Termina siendo curioso: tantos equipos necesitados de sólo un empate, y quienes empataron fueron los ingleses con los costarricenses, a ceros. Juego casi tan aburrido como el tres cero que colgó España sobre Australia, el cuatro a uno de Brasil sobre Camerún, los minutos 30 a 68 del México – Croacia. Quienes no tuvieron un encuentro así, en cambio, fueron los holandeses y los chilenos. Ahí sí, se vio algo que, citando a José Ramón Fernández en esa misma cápsula mencionada ya, hay que hacer: hablar de Holanda –“porque es el rival de México”, dice él; “porque tiene el juego más interesante”, digo yo–.

Primer tiempo y no ha pasado nada, en el marcador. Apenas si algunos tanteos a la ofensiva. Chile tuvo mucho más tiempo la pelota, sí. Holanda cometió muchas más faltas, también. Sin embargo, los Países Bajos intentaron mucho más los goles, llevándose al final el triunfo con dos a cero. Los chilenos no son una selección mediocre o mala. ¿Por qué no podían hacer gol? ¿Por qué ni siquiera podían intentar anotar, con disparos de media distancia o así? La respuesta, es obvia: porque los holandeses sí tienen una defensiva sólida, su media cancha está para lo que sirve, que es desentrañar el partido y forzar los errores, su delantera se mantiene pendiente de las oportunidades. Chile quiso jugarle al dominio, al desgaste, a  la cerradura y a la presión, y en todos los casos Holanda supo contrarrestarle. Y en los ratos que le tocó proponer –recordemos el 5 a 1 rencoroso contra España–, lo hizo no sólo eficiente, sino con estilo y clase. Una pena, que comentan tantas faltas –pocas de gravedad, la mayoría faltas tácticas–. Una pena, también, que sean el rival de México, toda vez lo que esperamos es un juegazo: irles, después del descalabro, será medio feo, por mucho hayan sido mis favoritos el mundial anterior.

Pero, bah, eso a quién le importa: la neta mi decisión de favorito está sujeta a cómo resuelvan los Estados Unidos su pendiente con Alemania, el jueves. Por hoy vámonos a desayunar y a ver si Nigera, Honduras, Francia y Bielorrusia ganan este día, por mucho me parezca estos últimos más bien empatan con Irán.

‘Ámonos.

Manuel Emilio Castillo Silva,

La Catacumba del Mapache, a 25 de junio de 2014.


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  Mentidero de Falacias. Virgilio Sofistófeles.

23 junio 2014

MDF. '14.06.5

De la patada. 5

Ya acabó la fecha dos del Mundial, y he corroborado un sistemita que, habiéndolo descubierto apenas y mientras sucedían los partidos, no apliqué en las quinielas, mas tengo ya a mano para futuros eventos del tipo: observar a los participantes durante la primera ronda, votar por aquellos más me gusten en su modo de juego en la segunda, y mandar todo al carajo y expresar preferencias en la tercera según los inmaduros y poco adecuados a la realidad caprichos en mi gana. Y valga lo de poco adecuados, pues  en tanto pronósticos tendrán o no confirmación en los resultados de los juegos, aquellos –los resultados– al cabo lo único que cuenta y permanece a la mano como referencia objetiva, todo lo demás mera interpretación patente.

Ante todo, prefiero gane Croacia esta tarde contra México. La mediocridad de mi país, la poca crítica, la falta de ideas, la nula o casi nula Razón tan habitual en nosotros en todo y cuanto se nos ocurra, manifiesta en el futbol, es muy normal: no olvidemos el deporte institucionalizado, como espectáculo, depende de ello, no por fomentarlo, que también, sino como condición necesaria: nadie atendería nada por asociarse sólo a un trapo –llámese bandera, llámese playera– si no fuese así. Sin embargo, la mediocridad del futbol mexicano –liga y selecciones–, la poca crítica hacia sus propios actos, la falta de ideas al referirlos –y justificarlos–, la nula Razón aquí sin el casi –pues sólo hay razones, económicas sobre todo– por parte de todos sus componentes (jugadores, directivos, dueños, y aficionados incluidos) manifiesta en esos actos, personalmente, me revientan. Además, son pocos los partidos transmitidos por televisión abierta, y gastar otro hueco en un juego donde sólo veremos más de lo mismo, ni al caso. Sí, prefiero que gane Croacia, ellos sí le echan ganas y en lugar de llorarle al árbitro por una falta o un error, se ponen a jugar futbol.

No obstante, no estoy del todo en contra de que México califique. Me gustaría todavía más Brasil quedase eliminado –un Brasil mediocre, jugando más al poco desgaste que al espectáculo, apoyado descaradamente por los árbitros, y además justificándose de antemano, vamos, me recuerda tanto a Argentina que mejor ya ni verlo– , pero para esto hace falta una combinación difícil de cumplir: Camerún metiéndole tres o más de diferencia, México perdiendo sólo por uno ante Croacia, con el posible de que si los africanos le bailan la samba a sus dioses y ganan exactamente dos a cero, México sí califica de perder por uno, pero anotando al menos tres (4 a 3, 5 a 4, etc.). Sería monumental , ya puestos a fantasear escenarios, que México y Brasil empatasen en puntos, goles a favor y goles en contra –el citado dos a cero o tres a uno, o así, con un respectivo 3 a 2, 4 a 3, y progresivo). Calificaría Croacia con seis y la FIFA habría de realizar un sorteo para decidir entre Brasil y México, toda vez tendrían idénticas cantidades en puntos, diferencia de goles y goles a favor, los mismos puntos en los partidos entre sí, como también igualdad en goles a favor y diferencia de goles. Va quedando claro aquellos dos tantos anulados a los tricolores contra los cameruneses sí pesan, y en caso de que la moneda diese el boleto a los locales, imagínense el colectivo mexicano en su berrinche y lamento. Eso sí estaría de deleite.

La otra tanda del día está ya decidida respecto a quienes le siguen y quienes se quedaron: Holanda y Chile rifándose un quien vive para saber a quién le toca quién el próximo sábado (creo que ganarán los holandeses, pero creo y espero los chilenos den la sorpresa –agradable sorpresa), y España y Australia desquitándose mutuamente por el título de El menos malo, por principio de cuentas del grupo, pero quizá de todo el torneo. Habremos de ver si Costa Rica receta la tercera trompada a las quinielas y a Inglaterra mañana, y si los Bosnios y los Iraneses tramitan un empate o qué onda, el próximo miércoles. Por supuesto, suponiendo Camerún consiga un resultado no por improbable menos esperado –esperado por mí, claro, que es decir deseado y querido, en estas instancias siquiera el empate–, de otro modo ellos tendrán su propia vela en la disputa por el casi peor equipo del Mundial.

Llegamos de refilón ya hasta el miércoles, así que completemos los vaticinios: Colombia está calificada, por lo que un descalabro ante Japón sería puro goce estético, y sin embargo éste obligaría a Costa de Marfil (de veras no voy a llamarlo Côte d'Ivoire, me resisto a pesar de ser casi tan bello ese nombre como lo es en mi lengua) a ganar contra Grecia, para no empezar con lo mismo –que si tantos goles en caso de empate y blabla–. Bien que, de comérselos los griegos como si fuesen aceitunas, tampoco encontraría desagradable el asunto, siempre y cuando califiquen ellos y no los nipones –a pesar de jugar bien gacho unos y otros, le tengo más apego cerebral y emocional a los descendientes de Sócrates y su banda que a los respectivos de los samuráis–. Así pues, que Japón le gane a Colombia el martes siempre y cuando los helenos goleen por muchos a los marfileños, o bien tomar de estos el gusto enorme de verlos clasificar a octavos: desde hace ocho años, cuando le metieron un 3 a 2 formidable, valiente y honroso a los serbios, tengo esas ganas.

Costa Rica –ya hicimos referencia pero dejémoslo explícito– zumbándose a Inglaterra e Italia haciendo lo propio con Uruguay me parece el primer pareo de resultados en esta nota no sólo personalmente placentero, sino probable. Además, tanto los ticos como los “bambinos” han jugado bien, aquellos no más panolis y estos no más leñeros. En mi cabeza, imaginarlos llegar con 9 y 6 puntos me hace feliz. Por su parte, el juego de los suizos no termina de agradarme, y en cambio el de Francia sí que me pone, por lo que esperemos Ecuador sea escabechado por Francia y Suiza se meta en honduras para ya no salir. O sea, que gane Honduras –si califican estos o no, ya es lo de menos, o al menos lo que menos me importa–. Lamentablemente Argentina ya tiene su boleto asegurado, y Nigeria no me cae demasiado mal –aunque ya no me cae bien–. De los Irán ni hablar, sería divertido verlos llegar a segunda fase si pierde Nigeria, pero igual le voy a Bosnia en ese juego. Así pues, Nigeria y Bosnia, mis favoritos para el miércoles en la mañana.
Bélgica juega espantoso, Rusia parece que le pesa el mundial del 2018, Corea (República de; la otra Corea –República Popular Democrática de– no apareció esta vez entre los clasificados) sigue luciendo tan primitiva como frente a México en el 98, Argelia al menos mete goles si puede pero tampoco es santo de mi devoción. Vamos a opinar por Corea y Argelia en esta tanda, siendo éstos y los belgas los últimos clasificados formalmente a octavos de mundial: los más valientes de los pueblos de las Galias según Julio César, porque ya lo amarraron, y los compatriotas de Meursault –ni él ni Camus se revuelcan en su tumba: recordémosles bien, existencialistas– como segundos por ganarle a los otros dos.

Los últimos clasificados formalmente a octavos de final, sí. Pero no los únicos del ese jueves: unas horas antes,  Alemania, EE. UU., Ghana y Portugal tendrán la oportunidad de una hecatombe de estadísticas y vaticinios, pues ninguno de los cuatro tiene asegurada su clasificación –si bien los alemanes tienen más camino andando–. Sin embargo, por lo mucho que me han significado los cuatro juegos anteriores entre ellos, dejaremos el comentario y pronóstico para dentro de un par de días.  

Manuel Emilio Castillo Silva,

La Catacumba del Mapache, a 23 de junio de 2014.






ps.- Me gusta el corrector ortográfico de Blogger: es una de las razones por las que aún no nos falta trabajo en mi gremio.



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  Mentidero de Falacias. Virgilio Sofistófeles.

21 junio 2014

MDF. '14.06.4

De las patadas. 4

Estoy viendo el partido Alemania vs. Ghana. No se ve muy bien para ninguno: por un lado el equipo favorito apenas si se muestra tal, el africano tiene buenos movimientos, pero en cada ocasión al ataque un jugador intenta una jugada de lujo, vistosa y muy difícil, hasta ahora con poco éxito. La explicación de esto, la que podemos colegir aquí, es sencilla: saben que, si la hacen, esa jugada representará unos cuantos millones de dólares en sus contratos personales, tras el Mundial; si no, bueno, ya qué. De pronto Alemania clava el primero: una jugada hecha de eficiencia y profesionalismo: parece que se acabó el sueño. Mientras escribo estas líneas –comencé justo en ése uno a cero-, Ghana empata el partido. ¿Cómo? Con la misma dosis: pases precisos, nada fantaseados, y sin embargo, que pervierten la fantasía en realidad: cae el empate. En mis pronósticos personales anoté a los germanos como ganadores: caigo en cuenta fue un error. Un error, que procedo a explicar.

En el Mundial, cada equipo juega tres partidos. Para quienes no seguimos con ahínco los devenires clasificatorios, e ignoramos sistemáticamente las ligas, conviene mirar las primeras rondas, sin prejuicios: ignorar si un equipo es históricamente favorito o si otro es considerado malo per se. Mirar cómo juegan, con sus pros y contras. Aprovechando las repeticiones para apreciar los gestos y rostros de los jugadores. Haciendo poco caso de los comentaristas, si se puede, tan llenos de lugares comunes que más que comentarios, parecen apuntes. Y luego, tras haber apreciado cuanto se haya podido apreciar en esos 16 partidos, hacer pronósticos basados en eso, la observación directa. Mirar, por ejemplo, a los alemanes regocijándose en humillar a los portugueses, especialmente al delantero estrella, Müller, tan sobrado, arrogante e incluso grosero. Tan “ario”.

De nuevo: unos cuantos pases, en contragolpe, y Ghana anota el segundo. Van ganando dos a uno, y ojalá no se lo crean demasiado, todavía: al juego le quedan minutos suficientes para el remonte alemán.

Dijimos de observar sin prejuicios, y es cierto: lo que se ve, se interpreta, y la interpretación puede sesgarse por aquello se ha “prejuzgado”: ya ni nos fijamos en lo que hay o no, sólo miramos lo que queremos, aunque no esté ahí. Pregúntele si no a cuantos festejaron el empate a cero de México contra Brasil: buen resultado para los mexicanos porque se esperaba perdiesen, acaso por goliza, sí. Pero, ¿buen juego? ¿Acaso un equipo con sólo dos o tres tiros con dirección hacia la portería de 10 o 12 intentos, puede presumir buen juego? Con todo, vi en ese juego el portero mexicano, y también los defensas, hicieron muy bien lo suyo, mientras Brasil mantuvo un ataque discreto. En cuanto aumentó la presión, fue más la suerte que otra cosa. No importa: le reconozco al portero y los defensas fueron ellos, y no “el equipo” quienes lo hicieron posible. Y eso que me caen en el hígado, por televisos, americanistas y mediocres.

El tercero (minuto 66) no llega por, caray qué caray, otro egoísmo de un ghanés: prefiere tirar al arco que meter un pase y facilitar las probabilidades de eso, el tercero. Es más probable, por lo que veo, Alemania meta el segundo... y en efecto: ni cinco minutos, y ya están empatados a dos.

No sé si Alemania alcance a sacar el triunfo; no sé si Ghana lo logre, tampoco. Quiero acabar ya esta página. Sé que me da un gusto enorme verlos dándose de boca, a los güeritos vestidos de blanco, con éste resultado. Me gusta ver a los negritos vestidos de rojo superando a la defensa alemana con pasecitos cortos, paredes, algún cambio de juego. Me gusta, y maldigo de mis pronósticos, prefiero perder ese dinero (no mucho, 10 pesos) a verlos perder, esta tarde. Quiero que ganen, de hecho. Y sé que el martes, mirando las playeras de selecciones nacionales, pensando en cuál voy a comprarme, lamenté la alemana estuviese tan bonita: no aguanto pensarme usando un trapo así, sabiendo quienes lo significan en este Mundial son tan lo que ya no eran en los noventas. Delantero de origen polaco incluido.



Manuel Emilio Castillo Silva,

La Catacumba del Mapache, a 21 de junio de 2014.

ps.- Marcador final 2 a 2. Lástima.


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  Mentidero de Falacias. Virgilio Sofistófeles.

15 junio 2014

MDF. '14.06.3

De la patada.3

Que si el viernes contra Camerún eran 3 y no 1, que si los árbitros, que si las arañas: el equipo nacional sigue siendo lo mismo, en cuanto a futbol se refiere, fallando mucho más de lo que acierta, le cuenten todos los goles o sólo uno de cada tres. Y los comentarios durante la transmisión local, bueno, también  los de siempre: que si a ver si el árbitro compensa, que si México muy bien, que ahora sí tenemos chances de hacer algo. Redios: el único algo que cuenta en un Mundial es lograr la final y el título, y si no pregúntele a Holanda si no cambia los cinco que le sorrajó a España el viernes por un par hace cuatro años en Sudáfrica.

Pero todo eso ya es historia vieja, lo de hace 4 años y lo de hace dos días, incluyendo el más o menos esperado 3 a 1 de Chile sobre Australia. En lo más reciente –o menos añejo–, Colombia le receta una terna de pepinos a Grecia, Costa de Marfil le gana 2 a 1 a Japón, Italia con idéntico marcador a  Inglaterra, y en un resultado que no conozco a nadie que no sea tico u odie a Uruguay, Costa Rica levanta la mano y pasa de ir perdiendo 1 a cero a ganar 3 por 1. Éste partido no lo he visto –pero a eso vamos, en unos momentos–, y así todo, me lo imagino: los uruguayos algo sobrados tras el gol inicial, y los costarricenses, con muy mala leche y muchas ganas echándole hasta el cascarón al asunto. Al menos así han sido en los partidos mundialistas desde 1990, ganen por la mínima o pierdan por goleada. Y así fueron durante toda la eliminatoria previa. A reservas de lo que pase en estos tres días (hoy, mañana y pasado), me los apunto como candidatos a mi afición temporal.

Quienes me dejaron pasmado por lo bonito, grácil y ameno de su juego, fueron los italianos y los ingleses. En lugar de un partido entre dos equipos calculadores, tediosos y pasivos, lo que vi fue dos escuadras dándose el gusto de intentarlo. Como además las integran jugadores bastante buenos, pues fue un juegazo. Italia, incluso, me gustó para campeón (desde 1982 que nunca he apoyado a una selección italiana en un mundial): iban ganando 2 a 1 desde el minuto 50, y todavía al 70 mantenían formación de ataque. E incluso después, a ratos. De verdad estaba impresionado, pues a esa playera suele vérsele, cuando va con ventaja en el marcador, a todos excepto uno detrás de tres cuartos de cancha, soltando leña y balonazos de ocasión, con alguna descolgada por si acaso. Nada de eso: ordenados, armando su ataque con pases cortos, bien escalonados, con transiciones rápidas y eficientes para, después de defender los once un tiro de esquina, aparecer ocho o diez delante de media cancha, todos atentos, tratando el tercero. Casi lo consiguen en un tiro libre. Inglaterra no, al contrario: se le veía un poco desencajado y no muy precisos. Mas tampoco andaban por la labor de comerse la derrota: trataron de conseguir el empate, eso que ni qué.
Total, me divido por el momento entre Holanda, Costa Rica, Costa de Marfil e Italia. A lo mejor cambio o agrego o quito alguno estos días, es lo de menos: para eso está el Mundial, para disfrutarlo a pesar de las narraciones imbéciles que nos tocan, mejor habrían de contratar a mi amigo el Enfermo, autor del comentario que por aquí compartimos en la imagen, resumen exquisito de los dos primeros días, habremos de ver si nos regala con otros:



Manuel Emilio Castillo Silva,
La Catacumba del Mapache, a 15 de junio de 2014.


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  Mentidero de Falacias. Virgilio Sofistófeles.


13 junio 2014

MDF. '14.06.2

MDF. ’14.06.2

De la patada. 2
Formas del mexicanismo. 1

Interesante. Durante un rato ya, en el canal 103 de Cable, han transmitido partidos de Mundiales pasados. Comenzaron poniendo de todo: finales, octavos, cuartos; la última semana parece versó sobre todo de la selección mexicana: triunfos, empates decisivos, alguna derrota. Por las voces de los comentaristas en turno –han ido cambiando; poco, pero han cambiado– supe la producción era de Televisa. Aunque no habría sido gran diferencia de haber sido de TV Azteca, antes Imevisión: el mexicanismo, a tope. Déjenme explico por qué.

Estamos en 1998. México va perdiendo con Holanda 2 a 1, necesitando el empate para calificar. Le cometen falta a un mexicano en los linderos del área holandesa. Los comentaristas claman penal –siendo sinceros, casi todos los espectadores en el Sanborns Lomas Verdes, también, salvo una, que ni atiende el partido ni le interesa–. Tras un par de repeticiones, no queda lugar a dudas fue fuera del área. “Ya que se ha equivocado todo el partido bien pudo marcarla dentro”, dice uno de los televisos –y siendo sinceros, casi todos los espectadores en el Sanborns Lomas Verdes, también, salvo dos, la ya mencionada y el abajo firmante–. No se marcó penal y al final –literalmente, e ilegalmente: el tiempo de compensación ya había sido superado–, el “Matador” Hernández empata con un gol-pe...  de suerte y acierto. México califica y todos felices, gritas y “vociferios” como si hubiese mérito propio –comentaristas, espectadores, hasta la señorita antes indiferente y un servidor nos volcamos al contento, aunque luego el engaño nos pasará la factura, cuando Alemania nos surta el 2 a 1 definitivo en octavos–.

Estamos en 2002. El rival en octavos es ni más ni menos que Estados Unidos –perdonen si omito el “de Ámerica”, a fin de cuentas estamos en confianza y se entiende, en buen rollo (si bien alguien puede ponerse payaso y reclamar el nombre completo, pues “Estados Unidos” también es parte del nombre de los “Estados Unidos Mexicanos”, adelante, tampoco estamos en contra en esta página de reconocer somos, hemos sido y seremos, durante un buen rato al menos, una mala copia de los Iú Es Ai–. Mustios, envidiosos, ladinos y engreídos como solemos, los días previos al partido estamos ya saboreando la calificación a cuartos de final. Con la sorpresa de que los gringos nos meten un gol tempranero y un segundo sin respuesta. En el medio, un cuasi-calco de lo ya mencionado: falta afuera del área –claramente fuera del área, incluso sin repetición–, y los comentaristas gritando, ya saben “¡Penal!” “¡Ya que la marque dentro!”, y así. Buena onda ése Mundial fue el Japón-Corea, nadie se puso loco en el Sanborns por la eliminación directa ese año, como sí se pusieron frenéticos 4 años después, en Alemania 2006, cuando Argentina nos clavó el 2 a 1 en tiempos extras.

Pero para tiempos extras y ponerse locos, nada como México ’86, precisamente contra Alemania –o más bien, media Alemania, la entonces República Federal: los “teutones” se toman tan en serio esto del deporte que ambos simulacros, la Federal y la Democrática, tenían equipazos, éstos en el área amateur, aquellos en la profesional–. Los árbitros, todos, parecían naturales de aquí, por aquello de la autoridad incompetente y corrupta: Brasil favorecido en cada partido, Argentina y “la mano de dios”, el gol del Abuelo Cruz anulado por una falta que él no cometió, llanto, desesperación y mentadas de madre todavía no resueltas, en eso aplaudo el comentario previo al partido (disponible en el sistema de “pago por evento” aunque este evento no tenga cargo monetario adicional en la factura que pagaré: éste nunca lo vi en la retransmisión automática, tuve que buscarlo): “La frustración de quienes lo vivieron no se ha desvanecido, y quienes no lo vivieron, que lo conozcan”, dice una voz conocida, pero cuyo nombre no ubico del todo, acertando de pleno: en 28 años no hemos superado ese golpe . Y le aplaudo a Juan Dosal, quien a pesar de trabajar para Televisa, hizo gala de pundonor y profesionalismo al narrar en aquel entonces, pues sin dramas ni malos modos, ecuánime, señaló, con sólo una repetición de por medio, la sanción del árbitro no era contra el abuelo, sino contra otro futbolista mexicano quien claramente atropella al defensor alemán. Lo que mi memoria tiene fresco e incluso hace ocho años recordaba como si hubiese sido real, era un gol injustamente anulado... adverbio producto de la insistencia con que así se calificó en la tele y los periódicos y las conversaciones, después (me tomó sólo 28 años darme cuenta ese gol no sólo no contó, mas no contaba: sí hubo falta).





Lástima la actitud del Sr. Dosal no permeó en otros. Hace unas horas, en el partido de Brasil – Croacia, un simpático telerriso, tras un golpe que se llevó una de las estrellas cariocas, dijo algo como:  “No es por desearle el mal a Óscar, pero ojalá lo descansen contra México”.

En serio que esto del futbol es interesantísimo, y quien se lo pierda, muy su rollo: a mí me queda claro quien no conozca o comprenda a los mexicanos, con ver la transmisión de los partidos de “los verdes” por parte de cualquier televisora local, tiene a mano datos certeros: somos raza quejumbrosa, que todo lo queremos fácil, y si hay transa, que sea a favor o qué poca madre. Incapaces de aceptar la derrota como propia, culpando a cualquiera menos a nosotros mismos del fracaso en cada ocasión, ya sea a tres segundos o tres décadas de distancia de la jugada, negando la realidad a como dé lugar (véase la imagen anexa, si no).  Mexicanismo a tope, pues.

Manuel Emilio Castillo Silva,

La Catacumba del Mapache, a 13 de junio de 2014.


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  Mentidero de Falacias. Virgilio Sofistófeles.

12 junio 2014

MDF. ’14.06.1


De la patada. 1

Pocas cosas he comprado tan simbólicas, tan importantes, como mi playera de la selección de Brasil, en 2006. Recuerdo la situación en la que andaba entonces, y quizá por eso, por la situación y porque la recuerdo, la dicha playera es tan importante. O quizá no. Quizá porque el trapo me era tan caro, además de estar caro, la situación permeó en el recuerdo. La neta, poco me importa, la situación y los “por qués” de correlato, en este momento: me importa que al ver a Brasil esta tarde jugando contra Croacia, reconocí, sin lugar a dudas, prefería ganase Croacia. No cuando estos iban ganando 1 a cero, sino cuando iban perdiendo 2 a 1.

Tal vez Rhett Butler tenía razón y uno sólo se compromete cuando las causas están ya perdidas. Tal vez no. Tal vez se debe más a que Croacia sí jugó al futbol que me gusta, durante los últimos 25 minutos del partido, y no al “pichicateo” de un resultado, como de hecho operó Brasil durante todo el partido.

El árbitro, la tribuna, la historia futbolística de cada país –y en lo personal, también su historia: los croatas me caían “rebien” hasta que abrí los ojos y, leyendo (también conversando un poco, pero poco, con alguna croata en el “yahoo-ajedrez”), descubrí aquello me mantenía oculto: acabaron siendo tan ojetes como los serbios, en aquel asunto de los noventas–, me traen sin cuidado:, cuento lo que vi, aunque podemos ponerlo todo en función histórica, y decir que fue un Brasil más parecido a Italia que a Brasil. Un equipo tacaño y “escatimador”, de esos que vuelven el futbol, ya de por sí negocio, sólo negocio y trámite, espectáculo apreciadísimo para poder conciliar la siesta, y nada más.

 Resulta algo complicado, tener un favorito tradicional, y precisar cambiarlo sobre la marcha. Claro que podría escoger el equipo de mi país, pero ni de coña: si estoy pensando en no usar más mi playera “verde-amarella” durante el evento, mucho menos voy a apoyar a un equipo cuya liga, escenarios, tradición e historia recientes han sido ya no sólo mediocres, como lo fue el de Brasil esta tarde, sino malísimos: los cariocas al menos ganan.

Para mañana, vaticino un desabrido 1 a 1 en el México – Camerún, y un tal vez entretenido 3 a 1 en el Chile – Australia. Si le atino qué bueno, si no, pues felices los felices, en esto del futbol para todos hay gusto, y a mí me tocaría promoción de a 8 el dólar, en Shivan.

Manuel Emilio Castillo Silva,

La Catacumba del Mapache, a 12 de junio de 2014.


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  Mentidero de Falacias. Virgilio Sofistófeles.

M D F. '14.05

De las patadas.


Hay quienes se quejan del futbol, hay quienes se quejan de quienes se quejan del futbol, hay quienes se regocijan en estos y aquellos, y por supuesto hay a quienes todos los anteriores les valen gorro, como también les vale el futbol. Lo que me sorprende, es que entre todos esos y todos los otros no mencionados (aún, por inducción acaban de serlo), hay muy pocos de los que intentan comprender al otro. Pero, mentiras, no me sorprende mucho: de esos siempre hay muy pocos.


Por eso mismo, presento acá un textillo mío, de hace ocho años (previo al Mundial de Alemania, publicado por aquí en algún Lance). Compartido con quien quiere y a veces con quien no quiere, da lo mismo ya: acabo de comprobar realmente sí puede leerse como a cada cuál le dé la gana, que es lo que cuenta, a estas alturas. Y por supuesto, respecto al futbol, como a la Navidad y al texto mismo, lo mismo: quienes lo gocen, pues a gozarlo, quienes no lo gocen, pues a no gozarlo. Tan tan. Cada uno es muy dueño y lo pendejos no se nos va a quitar por tener dentro una y otra pose.


Redondismo.  

Creo en un sólo futbol, padrísimo y todo sustancioso, creador del gol y del torneo, del Mundial y del amistoso. 
Creo en un sólo césped natural o artificioso, nacido al futbol desde tiempos prehistóricos: de la misma naturaleza del futbol, por quien todo fue hecho; que por nosotros, y acompañado de la cerveza, emergió del pasto, y por obra del juego organizado se encarnó en el Estadio, La cancha, y se hizo campo; y por nuestra causa fue podado entre los fines de semana; calcificado en las bandas, las áreas y la media cancha, y quedó listo con las porterías, según las dimensiones del patio, y emergió el campo, y a veces las más toma forma de asfalto, y el partido vendrá con gloria al estadio, la calle o el llano, y el futbol no tendrá fin. 
Creo en el Gol, Señor y dador de vida, que procede de el Futbol y el campo, que con el Fútbol y el campo recibe la adoración y gloria, y que es uno con las porterías.
 
Creo en la grada, que es una banda chida y apasionada. 
Confieso que hay un sólo partido para alzarnos con el campeonato. Espero la genialidad de los astros, y celebrar el gol en todo minuto.


Amén. 


Manuel Emilio Castillo Silva,
Lomas Verdes, 2006; tb. Julio 2007



Manuel Emilio Castillo Silva,

La Catacumba del Mapache, a 12 de Junio de 2014.


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  Mentidero de Falacias. Virgilio Sofistófeles.

30 mayo 2014

M D F. '14.04

Una postal.


Feliz cumpleaños.



Manuel Emilio Castillo Silva,
La catacumba del mapache, a 30 de mayo de 2014.


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  Mentidero de Falacias. Virgilio Sofistófeles.

30 abril 2014

M D F. '14.03



Mi esfinge de pelo.


Está ya muy cansada. Su vida actual es dormir, comer, hacer lo suyo y dejarse querer, queriendo, en esa forma que no hay otra forma de cifrar en palabras que llamarla amor. Es mi perrita. Le queda muy poco tiempo de vida, y no quiero que muera –incluso si por eutanasia– sin haber hablado de ella por aquí.

        Nos conocemos de toda su vida. Llegó cachorrita de casi dos meses a vivir a esta casa, y dejará de habitarla con al menos 15 años en su cuenta –hay quien dice son demasiados, y quizá tenga razón; a mí, como en cada final avistado, me parecen de todos modos muy pocos–. La mayor parte los pasó entre el espacio donde dormía, y el patio desde donde cuidó, celosa y cumplida, no sólo de ladrar a cuantos extraños se acercaban a la reja, sino también de jugar, velar a quienes dormíamos a deshoras, y  dedicarse, coqueta, a acicalarse o mirar el tiempo. Pendiente, por supuesto, de cualquiera que se le acercase: si era un desconocido, dispuesta a morder al alcance; si era alguien incluido, por ella, en el nosotros, entregada a la caricia, el juego y la confianza. Durante años, siempre estuvo a punto con su pelota de tenis, lista al estímulo para ella más grato, la convivencia con quienes asimiló como propios. Paciente, disciplinada a la espera, disfrutando con todas sus ganas cuando por fin sucedía, el contacto. Maravillosa, con cada uno tenía sus maneras particulares. Conmigo, esperaba yo me colocase en mi sitio, desde donde lanzaba la pelota y ella, feliz, corría a atraparla, retozando al traerla en su hocico, presa y premio y regalo a la vez, sujetándola con fuerza (no toda, sólo jugando), reacia a entregarla, peleándola con ahínco, y soltándola finalmente para, presta, toda ella vuelta expectativa, disponer cada músculo de su cuerpo a correr de nuevo a atraparla y traerla. El patio donde esto hacíamos está inclinado, y por ello aprendió, solita y sin explicaciones, a presionarla con su patita contra el piso, luciéndose a sí misma su captura, hasta que tras unas cuantas idas y venidas, pedía esa otra recompensa también recíproca de la caricia, ya dando vueltas alrededor mío, ya recostándose sobre su lomo con las patitas flexionadas, ofreciendo el vientre para sobárselo o hacerle cosquillas. Y siempre, siempre, todas las veces así hubiesen pasado semanas desde la anterior o apenas minutos, reía. Luego, tanto si la dejaba a solas o me quedaba ahí con ella un poco más, se acostaba sobre su pecho, a modo de esfinge, resolviendo con sólo ese acto el enigma de estar vivo.

        Un día, a principios del 2012, se enfermó. Hepatitis canina, dijo el veterinario. Lo más seguro era falleciese. Y me despedí, dejándola en sus manos. Tuvimos suerte y logró curarse, pero ya no regresó a su patio. A partir de entonces ha vivido en el piso de arriba, haciéndose más y más dueña de lo que ya era suyo, que es decir de quienes aquí vivimos.

        En estos años, la edad ha venido pesándole. Apenas si puede ver, debido al glaucoma en los ojos –inoperable, además, pues no sobrevivirá la anestesia–. Engordó, como todos los viejitos, si bien e inexplicablemente también creció un poco. Es menos ágil, claro, y bastante más rezongona. Y exigente. Se acerca a la puerta de entrada, regresa al comedor, y vuelve a encaminarse y mirar a la puerta: está diciendo quiere salir al patio de enfrente, a caminar y entretenerse y ladrar a los que huela se acercan siquiera a la reja – dispuesta a morder al alcance, si es un desconocido; si era alguien incluido, por ella, en el nosotros, entregada a la caricia, el juego y la confianza–. Ve a alguien caminar hacia la cocina y le sigue, inquieta y feliz y sonriente; nos sentamos a la mesa y espera se le convide o atienda, alzándose sobre sus dos patas traseras para, las frontales, reposarlas sobre la pierna humana que tenga más cerca: quiere comer con uno. Duerme en el cuarto donde suele dormir mi madre, y ahí es donde le gusta estemos todos los que estemos en ese momento en la casa: sale alguno y lo persigue hasta traernos a todos de vuelta. Come a sus horas, tres veces al día, y come también a deshoras, siempre que ve o huele alguien tiene algo entre manos. Duerme un poco, despierta, comprueba no está sola y vuelve a dormir, si bien antes intenta jugar: juega a dejarse querer, queriendo, en esa forma que no hay otra forma de cifrar en palabras que llamarla amor. Le llamo por su nombre, Tánquer, y me responde con una sonrisa, moviendo la colita, feliz. Le llamo “Gorda horrible”, y también me sonríe, agita la colita, y se acerca a jugar. Le llamo “Mi amor”, y por fin entiendo todo, pues ella no descifra el enclítico y piensa “Soy su amor” o “me quiere”: ella escucha su nombre, no importa cómo la llame, ella sabe es mi amor, y tras un rato, retoma su pose de esfinge, resolviendo con sólo ese acto el enigma de estar vivo, atenta a la puerta del cuarto por si alguien más llega recibirle dichosa o si alguien sale, seguirle dispuesta hasta traerle de vuelta, y así se queda por mientras se va quedando dormida, otra vez, cada vez más pronto, conforme pasan ya no los meses sino los días, y ojalá muera así, carajo, ojalá no haga falta inyectarle nada.

        Sí, la edad ha venido pesándole, pero no importa. La última vez que salimos a su patio y jugamos, fue evidente su cuerpo ya no daba para subir y bajar 10 veces el patio, ni siquiera para ver la pelota –la “cazó” a puro oído ésa única vez–, ¿y qué? Ella no lo sabe ni lo anda pensando: la atrapó, la trajo de vuelta, sujetándola con toda su fuerza (quedito) un poco para luego cederla y ceder a ésa otra recompensa recíproca llamada caricia, recostándose sobre su lomo con las patitas flexionadas, ofreciendo el vientre para sobárselo y hacerle cosquillas. Y como siempre, siempre, como todas las otras veces, reía, por el puro gusto de estar viva y amar y ser amada y ella misma, mi hermosa, mi gorda horrible, mi gorda hermosa, mi amor hermosa, mi amorcita hermosa, mi morcita, mi Tánquer.

        Sólo que esta vez no quiero tener que dejarla a solas, y daría con gusto todos mis libros, por quedarme con ella un poco más.

Manuel Emilio Castillo Silva.

La Catacumba del Mapache, a 30 de abril de 2014.
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  Mentidero de Falacias. Virgilio Sofistófeles.