Votación del año.
Vale.
Ya cerraron las campañas, ¿verdad? Y las votaciones comienzan en unas horas. Consensualmente se les llama elecciones, pero es que de elecciones tienen poco, pienso yo, por lo que votaciones se queda. Así pues, a unas horas de las votaciones, lo mío.
Primero, la atención debida a la pregunta que algunos amigos --y en particular una amiga-- me han formulado: ¿por qué no había habido "políticas" este año, en que el material abunda? La respuesta tiene dos partes. Por un lado, me he acostumbrado a cobrar por lo que escribo, y hubo quien me lo pagase casi todo el semestre. Por otro, aunque el material sobre la polítiquería abundase, no deja de ser redundante en todos los sentidos respecto a las federales anteriores, y las anteriores a las anteriores, y las antepasadas a las anteriores... Pero de todos modos algo voy a decir por aquí en el mentidero, que por cierto ya había dicho hace tres años.
Voy a votar en blanco.
Mis motivos --caprichosos, por supuesto, como todo lo que tiene que ver con estas cosas-- parten del desaliento que me ha producido, cada vez más, el proceso electoral. Las quejas son las de siempre (falta de propuestas, dineral excesivo en publicidades, candidatos no satisfactorios, desilusión personal: la misma mierda de siempre de la cuál ya estoy harto, por ser sólo lugares comunes para evadirse de dar explicaciones). Estaba escribiendo en este párrafo en una o dos líneas por partido el por qué no votaré por cada uno de los partidos, pero de plano he borrado lo escrito, y en cambio he descrito mi acto de hacerlo: si ni siquiera escribirlo me merece la pena; leerlo, menos. Así que ni quejas ni justificaciones, sencillamente aquella sensación que tuve al leer el Ensayo sobre la lucidez, de Saramago, no fue mitigada ni desplazada por todo el aparato de difusión y divulgación que las instituciones desplegaron y ocuparon en este periodo: sigo pensando que, si entre las opciones que hay ninguna me satisface, por tan idénticas entre sí y tan vacuas, no tengo por qué optar alguna de ellas.
Mas, si el voto que emitiré será en blanco, entonces, ¿para qué votar? y ¿por qué?
El por qué lo he venido suponiendo, y no encuentro mejor respuesta que el decirlo tal cual: porque me imagino votando. La parte de educación cívica, obligación ciudadana, y todas esas murgas que con tanto ahínco se divulgan no me satisface como explicación --pero no me excluyo de la misma: seguro que ha sido un factor importante para la imaginación que de mí mismo tengo sobre el próximo domingo, a eso se le llama educación condicionada, y estoy bastante cierto el condicionamiento sobre mí, en este caso, opera. Me imagino no votando y no excluyo la posibilidad de que así sea, pero sólo como tal, como posibilidad. Lo más cierto que tengo es que sí habré de ir a donde se coloca la casilla.
El para qué, luego de eso, se me manifiesta evidente: sólo para hacerlo, donde haciéndolo me imagino. Para darme el gusto de no fallarme en mi propia figuración, si es que fallarla me causa menoscabo --eso lo averiguaré el domingo mismo. Para ver quiénes fueron, finalmente, los funcionarios, pues ya van varias veces que me encuentro ahí a un vecino con el que tengo trato, y es agradable saludarnos. Y para votar en blanco, que es distinto a anular el voto.
Pero, ¿qué no es malo votar en blanco, por que facilita el fraude electoral?
Muchos lo suponen así, y yo discrepo: anular el voto "porque alguien utilizará la boleta para hacer fraude" equivale a decirle, implíctamente, corruptos a todos los funcionarios sentados en la casilla. Y ya he explicado que suelen ser mis vecinos --y de hecho lo son, conocidos o no. Desconfiar de ellos, imputándoles las faltas morales que los miembros de las instituciones políticas cometieron y seguramente aún buscan cometer me parece una estupidez. Alguno habrá que sea corrupto, quizá, pero no lo sé de cierto, ni sabría atinar cuál de ellos. Podrá decirse que el cambio de las boletas no lo hacen los funcionarios de casilla, sino quienes las recolectan, o que se hace en el centro de conteo. Y es vuelta a lo mismo: ¿en serio quiero andar por la calle con la paranoia encima de desconfiar de cuantas gentes no conozco? La verdad, no.
Por lo tanto, allá cada quién con su voto, de quienes vayan a depositarlo en la urna: si eligen a uno, a otro, o a todos a la vez, cosa suya y que además no importa tanto. A mí me basta con acudir para manifestar mi desaliento, mi conciencia de que de elección no tiene nada, pues las opciones son demasiado iguales, y mis ganas de, si no es posible un mejor sistema que el democrático, al menos no dejarme someter del todo por la farsa del poder ciudadano: si en verdad fuese poder, hace rato que la política sería otra cosa que el gobierno de los cerdos.
Pero, en fin, también es cierto las sociedades tienen el gobierno --y los gobernantes-- que se merecen.
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Mentidero de Falacias.
Virgilio Sofistófeles.
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